sábado, 25 de octubre de 2008

Crónica "En tus ojos, mi amor" Capítulo uno

No sé precisar cuándo empezó esta historia pero, buscando en mi memoria, noto que el verano del 98 ya tenía un olor dudoso y una sensación de nostalgia indescriptible.
Una seguidilla de pérdidas me haría madurar de golpe.
El último día laboral del año 97 llegó a mi Escuela, un llamado que alarmaría a la Dirección y a su vez haría correr una lágrima por mis mejillas.
Mi cargo de suplente, en esa Escuela que me vio llegar recién recibida, en donde habían transcurrido diez años de mi vida y en donde había sentido mis emociones más fuertes, me despedía.
El maestro titular de ese cargo, diez años en Comisión de servicio, volvía a ella y yo... debía dejar a tras todo lo vivido.
Era un 30 de Diciembre - ¡preciosa manera de festejar fin de año! Pensé.
Saqué todas mis cosas y recuerdos de mi armario y me fui sin un hasta el año próximo, sin un adiós. La Escuela estaba vacía, solo la Directora y la portera se encontraban conmigo en ese pequeña local educativo que guardaría en sus paredes mi actuar diario. Quedarían allí años de mi vida.
Desde ese momento mi destino fue incierto, al concluir las vacaciones debería volver a mi cargo titular, en el cual desde hacía 4 años estaba con licencia por Art. 71 - (Cargo de mayor jerarquía presupuestaría)
Mi cargo titular era de jornada simple y trabajaba en jornada completa.
Ésta fue la primera noticia dolorosa, y pienso que ella sería la clave de todo lo que me ocurriría después…
Los quince días de enero pasaron rápidamente con el usual viaje a Mar Del Plata, en la misma casa que alquilábamos desde mis once años.
Viajamos mis padres, mi hermana, mi esposo y mi única hija, Celeste, que por esos días tenía solo cinco años.
Todo era metódicamente ordenado, la rutina diaria nos exigía poco, de día la playa, la cena en familia, la salida a la peatonal San Martín cuando Celeste se dormía, el teatro, la calesita, los juegos electrónicos…
El verano transcurrió tranquilo junto a mis seres queridos. Ellos disfrutaban de una casa perfectamente ordenado y reluciente, saboreaban deliciosas comidas y mi hija disponía de una mamá presente las 24 hs, a la cual podía disfrutar a pleno en vacaciones pero no así en período de trabajo.
Las vacaciones me transformaban en una madre y esposa de tiempo completo, relajada y complaciente.
Todo perfectamente controlado y en su lugar. Todo andaba sobre rieles.
¡ Cuán equivocada estaba! ¡ Qué poco significaba la palabra vivir cuando todo estaba bajo control y cada día era similar al anterior ! ¡ Qué tranquila era nuestra vida ! ¡ Qué igual a otras vidas!
El riesgo y lo imprevisto no estaba registrado en ella.
El 17 de febrero llegó como un relámpago, mis vacaciones de docente habían concluido y debía volver a mi rutina laboral pero con un condimento especial, comenzar en una nueva Escuela, ahora en mi querido barrio natal.
Nada estaba bien para mí, el miedo me envolvía segundo a segundo, afortunadamente nadie lo percibió. Internamente me resistía al cambio.
Llegué y noté un recelo en el ambiente, típico malestar, que se siente cuando alguien ingresa y desplaza a otro de un cargo. Lo que no sabían era que yo había sentido la misma sensación de malestar dos meses antes.
Mi Director parecía un hombre muy formal, poco comunicativo, pero amable.
Me llevó a la sala de maestros, me presentó y me llenó de papeles reglamentarios que debería completar rápidamente. Casi no me miró.
Me asignaron séptimo grado sería la seño de lengua y ciencias naturales.
Mi compañera de ciclo era una persona callada, precisa, muy ordenada y de mi edad. Tan parecida a mí que me asombró.
Recuerdo que comencé en ese colegio un martes y el sábado posterior comenzaría mi largo penar…
Yo vivía para mi esposo y mi hija. Me sentía cuidada y protegida.
Angel, estaba hasta en el mínimo detalle y me hacía sentir fuerte y amparada, yo pensaba que con él podía ser yo misma, veía por sus ojos y sentía sus sensaciones como propias.
Lo malo es que me había olvidado de sentir las mías.
Desde el primer día que nos conocimos sentimos una unión extraña, ese de Enero en que nos miramos por primera vez, no nos separamos más. Era una atracción fuerte. Él controlaba todo y no permitía que la ansiedad me arranque ni un solo malestar. Tenía todo bajo control.. .
Angel había bajado mucho de peso y se encontraba cansado, hacía unos años que no se hacía un chequeo y le pedimos a un amigo, médico, si podía hacerle un control médico de rutina y ese sábado iría a hacérselo.
Terrible sábado. ¡Cruel sábado! ¡Temido sábado!
El solo recordarlo me hace sentir, que esta historia, comienza en ese mismo instante en que Angel y Marcos, así se llamaba nuestro amigo, pisaron entre risas y pitadas de cigarrillo, la clínica.
Indecente sábado que envuelve a toda una familia en el más cruel dolor y la pone de cara a la muerte y hace que el pánico se apodere de la tranquilidad que alguna vez los acunó y los hace sentir desprotegidos.
Ese sábado me enseñó a sentir el miedo, a vivir cada instante como el último, a respirar otro aire, a soñar otros sueños, a vivir el ahora, a disfrutar de las pequeñas cosas que la vida te muestra y no siempre podés
verlas… Comencé a observar a mi alrededor y a encontrar un mundo distinto al que mis ojos habían visto hasta ese momento.
Los exámenes clínicos de él salieron mal, en la placa de tórax salía un raro engrosamiento. Marcos, en su rol de médico frío, me adelantó que podía ser un problema congénito de corazón grande o una masa tumoral.
Él solo me habló de sus suposiciones a mí, pero creo que también se lo había dicho a Angel y todo quedó como un secreto de amigos …
Él autorizó a Marcos a decirme lo que no se animaba a decirme, un pacto de amigos que recién entendí muchos años después.
El siguiente examen sería una tomografía computada, en la misma clínica, el día lunes a las 9 de la mañana. Ese fin de semana no lo recuerdo bien.
No fue fácil aceptar la situación y el ¿Por qué a nosotros? se había instalado en mí con una fuerza aniquiladora.
El cielo estaba claro pero yo lo veía gris, a las 9 exactas estábamos parados en la puerta de la clínica esperando a Marcos.
Ese día sentí por primera vez que yo perdía el control de mi vida, de mi perfecta vida metódicamente ordenada y planificada.
Él llegó 15 minutos tarde, como era su costumbre, Angel apagó un cigarrillo recién encendido y entramos sin decir ni una palabra.
La espera fue terrible, dos horas interminables me separaban de los resultados de esos complejos exámenes. Las tomografías fueron 4.
Fue la primera de tantas otras veces, que vendrían después, que la soledá se hacía mi peor compañera… Soledad que nunca había sentido antes.
La tomografía confirmó uno de los pre-diagnósticos de nuestro médico amigo, que en ese rol solo se manejaba con lo escrito en libros de medicina olvidando la palabra sentimientos.
Para nuestra desgracia, el diagnóstico fue peor de lo imaginado.
Marcos nos invitó un café en un barcito que se encontraba a la vuelta de
la clínica. Su cara presagiaba lo que ya presentíamos.
Él intentó explicarnos, sin trasmitir todo el miedo que lo envolvía, qué habían visto, minutos antes, en las tomografías.
Escuchamos por primera vez una palabra, que ahora, no la asociábamos con el zodíaco sino con la muerte y el sufrimiento Cáncer.
La historia personal de Angel con esa palabra era negra. Su papá había fallecido, de esa terrible enfermedad.
Era un día soleado para todos los transeúntes y gris para nosotros dos…
Angel tenía linfoma de Hodgkin, cáncer en ganglios, y debía realizarse, con carácter de urgente, una biopsia de un ganglio que estaba inflamado.
Para mi sorpresa, ese ganglio del cuello, habitaba en él desde hacía unos meses atrás pero no le había dado importancia porque no le dolía.
Marcos nos explicó que el análisis de ese ganglio nos revelaría que clase de Hodgkin tenía y en qué estadío estaba la enfermedad.
Nos explicó también que él era clínico y debíamos buscar un médico oncólogo que lo siguiera y determinará todos los estudios que debería hacer y el tratamiento acorde con el Hodgkin que tenía.
La vida se nos detuvo en ese instante, no recuerdo que el sol saliera a lo largo de ese día para nosotros, parecía que el clima también se había
asociado con nuestro estado de ánimo y con esa cruel noticia.
Él me miró, el silencio de sus ojos hablaba, esos ojos transparentes que eran mi guía, me hablaba sin palabras.
Luego de un largo rato en silencio y miradas profundas me dijo:
- Gorda, todo va a salir bien. ¿Vamos a pelearla? ¿Estás a mi lado?, tragó saliva y volvió a hablarme, Celeste nos necesita a los dos y no voy a bajar los brazos. ¡Te lo prometo!
Sentí que esas palabras se grababan en mí a fuego.
¡Esos ojos! ¡Sus ojos! Me pedían ayuda desde el silencio de las palabras que se emiten solo con el pensamiento de los que no las necesitan porque hablan de corazón a corazón.
Pasados unos minutos, lo miré y sentí que mi cielo violentamente se cerraba ante nuestros ojos. Una nube gris había tapado rápidamente el sol que nos había iluminado siempre.
Como decirle que se me caía el cielo ante mis pies, se me cerraba la garganta y agonizaba de miedo ante la posibilidad de perderlo.
Sentí que se me aceleraba el ritmo cardíaco, el pintoresco bar giraba de manera vertiginosa ante mis ojos y me hacía niña por un instante buscando refugio en los brazos, inexistentes en ese momento de mi padre. Necesitaba
que su abrazo me protegiera como antes.
¿Cómo transmitirle tantas sensaciones encontradas? ¿Cómo decirle que el pánico había invadido mi vida? ¿Qué no tenía fuerzas? ¿Qué no sabía como acompañarlo? ¿Qué lo imprevisto no estaba registrado en mi vida?
¿Qué no sabía luchar porque nunca necesité pelear para obtener algo?
¿Qué él manejaba nuestra vida?
Lo volví a mirar y con la poca fuerza que me quedaba le dije:
- No tengas miedo, mi amor. Siempre a tu lado.
Traté de fingir una fortaleza, que juro, no tenía. Lo abracé fuertemente y lo besé. Sentí por primera vez que me aferraba a ese cuerpo de una manera diferente, desconocida, única e irrepetible.

Percibí que en ese instante nuestra historia de amor comenzaba de
una manera distinta. Ahora tenía que empezar a actuar yo y dejar
nacer en mi una fuerza luchadora desconocida.

Continuará
Autor : ANGEL

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué interesante lo que estás escribiendo. Espero ansiosa los otros capítulos.
Patricia

Anónimo dijo...

me re gusto
espero q sigas con los otros capitulos
(escribi algo de 6 grado)


Antonella

Ángel dijo...

Angel suerte ¡¡Te amo!!! Suerte tu hija

Anónimo dijo...

sos lo mas
me encanta tu manera de ser
segui progresando
estoy muy ansiosa de q sigas con los otros capitulos


Anto

Anónimo dijo...

me encanta lo que haces nunca bajes los brazos xq lo que escribis es hermoso te quiero mucho
paula

Anónimo dijo...

angel,desde ahora eres mi guarda

Anónimo dijo...

me encata tu forma de ser y como actuas y como observas...
me encanta todo de vos
y te kiero decir q teadmiro y sos lo mas
te re kiero...


anto

Anónimo dijo...

angel,ayudá con agustín